EDITORIALISTAS > RAMÓN DURÓN RUIZ

El amor

11 Noviembre 2009

 
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La licenciada Irene Ruedas Sotelo me ha hecho el favor de enviarme, por correo electrónico, una historia, “El Amor y la Locura”, la cual, aunque circula ampliamente por la Web, por su contenido la transcribo para usted:
“Cuentan que cierto día se reunieron los sentimientos y cualidades del hombre; cuando el Aburrimiento bostezaba, la Locura propuso: Vamos a jugar a las escondidas.

La Intriga se levantó extrañada, y la Curiosidad, sin poder contenerse, preguntó:
––¿A las escondidas?, ¿y eso cómo es?
––Es un juego en donde me tapo la cara y comienzo a contar, del uno a un millón, mientras ustedes se esconden.
Al terminar, los buscaré hasta encontrarlos –explicó la Locura.

El Entusiasmo bailó de contento y la Alegría dio saltos que terminaron por convencer a la Duda y a la Indiferencia.
Pero no todos quisieron participar.
La Verdad prefirió no esconderse.
¿Para qué?, si al final siempre la hallaban.
La Soberbia pensó que era un juego tonto, en el fondo lo que le molestaba era que la idea no había salido de ella; la Cobardía prefirió no arriesgarse.

La Locura comenzó a contar rápidamente, la Generosidad no alcanzaba a esconderse, cada sitio le parecía maravilloso para sus amigos: La rendija de un árbol era perfecta para la Timidez; una ráfaga de viento le parecía magnífica para la Libertad.
Por fin, después de pensar primero en todos, la Generosidad terminó ocultándose en un rayito de sol.

El Egoísmo encontró un sitio muy bueno, pero sólo para él.
La Mentira se escondió detrás del arco iris; la Pasión y el Deseo, entre los volcanes.
Cuando la Locura terminaba de contar, el Amor aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo estaba ocupado, al fin decidió esconderse entre las flores de un rosal.

––¡Un millón! –dijo la Locura, y comenzó a buscar.
La primera en aparecer fue la Pereza, que estaba a sólo tres pasos.
A la Pasión y el Deseo los sintió en el vibrar de los volcanes.
En un descuido encontró a la Envidia, y claro, también encontró al Triunfo.

Al Egoísmo no tuvo que buscarlo, pues él solito salió de su escondite que resultó ser un nido de avispas.
La Locura, de tanto caminar, sintió sed, y al acercarse al lago descubrió a la Belleza.
A la Duda la encontró sentada, aún sin poder decidir en dónde se escondería.
Así fue encontrando a todos, hasta encontró al Olvido, que se había olvidado que estaba jugando a las escondidas.
Sólo el Amor no aparecía por ningún lado.

Y cuando casi se daba por vencida, vio el rosal, tomó un palo y comenzó a mover las ramas, de pronto escuchó un doloroso grito, las espinas habían herido los ojos del Amor, la Locura no sabía qué hacer para disculparse, imploró perdón y hasta prometió acompañarlo siempre”.

Si la historia es buena, su moraleja es aún más formidable: “Desde entonces el Amor es ciego y lo acompaña la Locura”.
Pero la historia no se refiere sólo al amor producido por la carnalidad, sino a aquél que nos dice que llegamos a este mundo producto del amor, como una fuente inagotable de vida, que nos trajo aquí para vivir cada instante a plenitud, no para sobrevivir.

Recordándonos que el amor tiene magia, ésa que cuando corre por el torrente de nuestra vida transforma nuestro ser en algo excepcional, cuando nos damos permiso de transitar por el camino del amor construiremos una vida plena en realizaciones; nuestro espacio vital se redimensionará emancipándonos de los miedos, haciendo que la naturaleza fluya dentro de nosotros de manera espontánea.

A partir de ahora aprovechemos la ceguera del amor para invocarlo en nosotros, para utilizarlo en la reestructuración de la vida, para enriquecer la autoestima, sanar el cuerpo, aliviar la mente, elevar el alma y darle alas a los sueños, sabiendo que la magia de la ceguera del amor es medicina pura que alinea nuestra mente, cuerpo y espíritu con el universo, preparándonos para recibir las bendiciones que el cielo tiene para nosotros.
El amor nos enriquece hacia adentro… y nos da alas para sobrevolar el Cielo.

filosofo2006@prodigy.
net.
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a: editorial@elmananarey.
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» QUIÉN ES Ramón Durón Ruiz...

Director estatal de Instituto Tamaulipeco de Educación para Adultos (ITEA), cobró fama a partir de su libro "El Filósofo de Güémez"; es además columnista en medios estatales e imparte conferencias.


En su trayectoria política ha sido diputado local, alcalde de Ciudad Victoria, secretario particular del ex gobernador Tomás Yarrington Ruvalcaba y procurador de Justicia.

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