EDITORIALISTAS > RAYMUNDO RIVA PALACIO

Nuestro multimillonario

14 Marzo 2010

 
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A eso se dedica Slim, a acumular riqueza.
No es un hombre intrépido, pero sí calculador.
En la sangre lleva la doctrina de invertir en lo perdido y convertirlo en una fábrica de dinero.
Oculto en la biografía familiar está el hecho, contado por él mismo hace años, que su padre aprovechó la pérdida de valor inmobiliario en el centro histórico de la Ciudad de México para invertir en bienes raíces, con lo que comenzó la diversificación de lo que sería la fortuna familiar.
Gran lección para el hijo, que convierte empresas quebradas en negocios boyantes, y que va comprando y vendiendo de acuerdo siempre a la evolución de la economía.

Slim es un empresario complejo y pese a la imagen de bonachón, es increíblemente agresivo en los negocios.
Trabaja como relojero y todo el tiempo está pensando en inversiones y en las formas de cómo acumular más dinero.
Es uno de los mejores representantes del capitalismo en su expresión más salvaje, y defensor a ultranza del monopolio en donde domina el mercado, y en su más severo crítico en aquellos donde está en desventaja.
Sus denuncias de prácticas desleales en los mercados internacionales donde quiere abrir brecha, contradicen por completo las prácticas que en México ejerce a plenitud, como en la telefonía, una de las más caras del mundo por las argucias de un gran equipo de abogados que ha logrado impedir, hasta ahora, la apertura real del mercado de las telecomunicaciones.

Opera en multitud de frentes, y le dedica tiempo a blindar políticamente sus empresas.
De manera regular invita a comer -regularmente como comida y vajilla de Sanborns, que es de él- a periodistas e intelectuales, para intercambiar puntos de vista y socializar sus ideas.
Su presencia atrae de manera natural.
¿Cómo un hombre tan rico y tan reconocido en el mundo puede ser tan sencillo y austero?  ¿Cómo un hombre que se codea con los poderosos es a la vez terrenal? Slim es muy inteligente.

Seductor nato, siempre, lo piense o no, está en la cooptación.
Por su nómina han pasado intelectuales, con sustantivas  igualas mensuales, o con apoyos para sus nuevos negocios, obras o publicaciones.
Por sus oficinas acuden dueños de medios en busca de publicidad para darles viabilidad financiera, y en el pasado y aún en el presente, algunos han recibido el respaldo económico para subsistir.
Quiérase o no, con ello compra silencios para reducir los ataques donde se señala que su monopolio en telecomunicaciones frena al desarrollo de México.

Slim no nació pobre, pero ha sido hábil en escalar la escalera de la fortuna.
Su padre, Julián Slim Haddad, fue clave en la transmisión no sólo del ADN empresarial, sino también del conocimiento y la rutina.
Slim Haddad llegó a México en 1902 a los 14 años, sin hablar nada de español y procedente de Líbano, que en ese entonces pertenecía al decadente Imperio Otomán.
Junto con uno de sus hermanos mayores fundó a los 16 años "La Estrella de Oriente", una mercería de la que una década después compró el 50% de las acciones restantes.
Meticuloso, la hizo crecer pero nunca dejó de llevar él mismo sus balances comerciales.

La sangre del comerciante viene de los fenicios, en el Medio Oriente.
Pero no basta.
Julián Slim Haddad fue educando a sus hijos desde pequeños, entregándoles una libreta de ahorros donde iban metiendo sus "domingos" cada semana, y revisaba con ellos regularmente sus gastos y ahorros.
De manera casi natural, Carlos Slim abrió su primera cuenta de cheques a los 12 años.
Esa educación lo marcó toda la vida, y lo introdujo en la práctica de revisar personalmente los detalles y le abrió el universo para indagar, con un grado de precisión sobre lo que sucedía en sus empresas, que sorprendía a sus colaboradores.

Recién adquirió Telmex en 1990, por ejemplo, Slim llamó a uno de los responsables financieros de la empresa, a quien le preguntó cuántas llantas tenían en la empresa.
El responsable del área dijo no saber, pero que le daría el dato inmediatamente.
Slim, que lo estaba probando, se enojó.
Ya lo sabía, porque ya había calculado cuánto se invertía en neumáticos, cuánto se desperdiciaba y cuánto se podría ahorrar.
Él ya era dueño de una empresa llantera; la cadena productiva, que es algo que siempre ha buscado en sus negocios, comenzaba a aplicarse también en la empresa de telecomunicaciones que sería la detonadora de su fortuna.

Hombre peculiar, mantiene una oficina nada grande en la parte baja de Las Lomas, que como ingrediente excepcional tiene un pequeño cuarto húmedo para sus puros.
No le gusta mostrar su riqueza, y siempre mantuvo un bajo perfil cuando circulaba por las calles en su Mercedes Benz azul oscuro y blindado, hasta que el presidente Ernesto Zedillo lo forzó a incrementar su seguridad personal con un argumento muy persuasivo: no era por él, sino por lo que representaría para la economía un secuestro o un atentado contra su persona.
Slim, cuya fortuna representa aproximadamente el 6.
6% de la riqueza nacional, tiene ahora un equipo de 18 guardaespaldas que siempre están con él para protegerlo.

El dinero logra muchas cosas.
Y saber utilizarlo, más.
Slim es un empresario de avanzada, que abrevó durante un tiempo de las pláticas de sobremesa con Nicholas Negroponte, creador del MediaLab del Instituto Tecnológico de Massachussetts y uno de los ideólogos del mundo digital, a quien solía invitar regularmente -con emolumentos y avión privado para su traslado desde Boston- para que le platicara el mundo que venía.
En esos años de coloquios, los 1990's, Slim compró Prodigy, el proveedor de Internet estadounidense, adquirió acciones de Apple antes de que saliera la iMac, y se asoció con Gates en MSN.

Al igual que en los negocios, amplió sus rangos de operación.
Se hizo amigo del ex presidente español Felipe González, quien no sólo lo introdujo a las élites de la política global, sino que le sirvió como puerta de entrada en gobiernos –de América Latina, sobretodo- para ir ampliando su imperio de telecomunicaciones.
Slim le regaló una casa renovada en el Centro Histórico de la Ciudad de México, de las más de 450 de la que es dueño en esa zona a la cual le ha inyectado muchos recursos para renovarla, sin que en casi una década haya pagado impuesto alguno.
Slim no es un filantropista en los negocios, pero lo disfraza bien.

Se cubre Slim como humanista.
Tiene una fundación con alcances globales -Shakira es su mujer y Miguel Bosé su hombre-, mantiene el Museo Soumaya -el nombre de su esposa- que además de tener 64 mil obras cuenta con la colección privada más grande de Rodin, y da 15 mil becas anuales a estudiantes.
Su discurso tiene tonos sociales y habla coyunturalmente sobre la economía.
Irrita generalmente al gobierno, pero lo escuchan.
Después de todo, es un factor de poder interno y parte del paisaje nacional.
Odiado y amado, Slim polariza en todo, salvo en una cosa: como empresario, teóricamente hablando, es admirado.



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» QUIÉN ES Raymundo Riva Palacio...

Reconocido periodista y analista, Raymundo Riva Palacio ha obtenido dos Premios Nacionales de Periodismo. Durante su fructífera carrera, ha escrito para numerosos periódicos de México, España, Canadá y Estados Unidos. Es autor de "Centroamérica: la guerra ya empezó", "Más allá de los límites: ensayo para un nuevo periodismo", y coautor de "Aún tiembla" y "La cultura de la colisión".

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