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CARLOS MONSIVÁIS
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Carlos Monsiváis
por: Carlos Monsiváis
¡Albricias pastores, que está por nacer el Estado!
07 Noviembre 2009
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De las ampliaciones del Estado laico
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En el Poder Legislativo abundan los representantes fantasmales de la voluntad de encumbramiento, y en el Poder Judicial se acata la voluntad de los poderosos aunque no se molesten en emitirla.
El desprestigio (un término moderado) describe el manejo de imposiciones muy lesivas para la economía de casi todos y de trampas de lejano origen jurídico que buscan desalentar a quienes quieren participar en la política.
El debate (si así queremos llamar al jaloneo) sobre el aumento de impuestos y el IVA, revela la falta de convicciones y de información que ya es sinónimo de clase gobernante.
En esto han coincidido sobre todo los legisladores del PAN y del PRI, actúan para luego contradecirse y decir que lo hicieron, contra su voluntad, y que las cosas empezarán bien porque para eso las dejaron tan mal.
El nivel doctrinario y cultural exhibido, delatan a la educación privada, formadora de la mayoría de los legisladores, y anuncian el fin del vocabulario amplio, que alguna vez tuvo que ver con el uso en México del idioma español.
Se comprueba a diario la ausencia de formas y de contenidos en la vida política.
No saben qué decir y no saben cómo decirlo, crean laberintos en los que se enredan para descubrir que ya no saben a dónde iban.
Observen por ejemplo al secretario del Trabajo Javier Lozano Alarcón, hablando de la desaparición de LFC: “No se trató de una acción represiva sino preventiva.
Se nos ha criticado por lo que algunos llaman equivocadamente el sabadazo”.
¿A qué alude? Se podría suponer que la acción es preventiva para que la represión ya no sorprenda, o que prevenir con ánimo de exterminio es quitarle oportunidades de lucimiento a la represión, o, mejor, se puede inferir de una frase tan patética que el secretario ignora que una represión nunca, en ningún caso puede ser preventiva: “Te meto a la cárcel ahora para que después no te sorprendan las rejas”.
El licenciado Lozano, que se la pasa reprimiendo para quitarle chamba a la represión, responde a la pregunta: “¿Cuál sería la reforma nuclear en la cuestión laboral?”, y lo hace en términos que llevan a la lógica al desvarío: “El acceso al mercado de trabajo en modalidades que faciliten la productividad en las relaciones laborales y que aumenten la competitividad de nuestra economía”.
Esta respuesta desconcertará al que se proponga entenderla, especie no frecuente: así que, según don Lozano, la reforma nuclear en lo laboral consiste en el acceso al mercado de trabajo en modalidades que faciliten la productividad.
¿No me repite por favor? La reforma nuclear da como fruto estatal el acceso (¿de quiénes?) al mercado de trabajo (¿en dónde y en qué condiciones?) en modalidades que faciliten la productividad en las relaciones laborales (¿hay quién pueda descifrar esta contribución al sonido de una sola mano, la del licenciado, aplaudiendo?).
Y el final es ya un concurso de fuegos de artificio en noches sin pretextos para usarlos: Todo lo anterior, las modalidades que fomenten la productividad no en el trabajo sino en las relaciones de obreros y patrones, son métodos preventivos, el que declare entender este discurso será reprimido.
Escúchense las palabras o, mejor, el dictamen judicial del secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont: “Estamos tomando decisiones difíciles que afectan la estructura de poder existente para volverla más incluyente, pero la inclusión y la participación no pueden imponerse”.
Maravilloso, ¿para qué se vuelve más incluyente la estructura de poder si sólo va a beneficiar a quiénes así lo decidan? Ahora resulta que uno no se incluye si no le da la gana, porque no quiero del Estado sino lo que me apetezca.
¿Y de qué participación habla? ¿De las decisiones que sólo una minoría muy exigua toma, de la sorpresa al saber que la estructura de poder se deja afectar por actos naturalmente preventivos?
Vacío de forma es desaparición de fondo.
***
¿A quién le creemos: A las palabras o a los votos? Si juzgamos por las votaciones en las Cámaras, nos equivocaremos, porque los hechos nada tienen que hacer al lado de las declaraciones.
Se han desgarrado las vestiduras alternas panistas y priístas alegando la urgencia de aprobar el Plan Calderón en materia fiscal, y luego se arrepienten con lágrimas en los ojos ajenos.
Así, por ejemplo, el senador priísta Francisco Labastida Ochoa que es enfático: “El paquete no nos gusta porque no impulsa el empleo, es recesivo, impulsa la inflación.
Es un Frankenstein que llegó y al que le hicimos algunos cambios para quitarle lo más nocivo”.
Conclusión: No le quitaron al paquete todo lo nocivo, sino lo más nocivo que no se toma la molestia de señalar.
Le regalaron a las empresas televisivas dos años sin impuestos, no se cuidaron de buscar explicaciones mínimamente convincentes, creyeron o fingieron creer o se imaginaban que estaban creyendo algo despampanante: que abstenerse, y lo dijeron textualmente, era una forma de votar, así como si dijeran que abstenerse sexualmente es una forma de follar, y esta no es metáfora sino extensión lógica.
En la mentalidad de los políticos históricos el arrepentimiento sólo tiene sentido como jactancia.
“Sí, lo hicimos mal, pero a ver cámbienlo” Beatriz Paredes dice que no sirvió para nada la golpiza fiscal; el líder del PAN César Nava afirmó que el aumento de impuestos y del IVA no satisfizo a nadie (bueno, no exagere, el presidente no es un don nadie); y al líder priísta de la Cámara de Diputados Francisco Rojas no le tiemblan los verbos y los sujetos aunque sí algo los complementos: “(votamos) aún por encima de costos políticos.
Por lo que decidimos, en congruencia con el contenido de nuestros documentos básicos, rechazar el IVA en alimentos y medicinas”.
¿Qué habrá querido decir? ¿Qué son “los costos políticos”? ¿Qué tanto compensa su rechazo del IVA la aprobación de impuestos guillotinadores? No dudamos de la eficacia y puntualidad de los documentos básicos, sobre todo porque a manera del cien por ciento de los ciudadanos, no los conocemos, pero como disculpa parece infantil: “Sí, votamos en contra del costo político que significa votos y prestigio, pero los votos nos llegan por el clientelismo y el prestigio llevamos décadas de no tenerlo, así que se aguantan y se llevan su costo político a otra parte”.
Sigo creyendo que una adecuada represalia de los ciudadanos es la lectura de las declaraciones de los políticos.
Y que un ejercicio lógico insustituible es indagar en lo que quisieron decir.
Algo se logrará si saben que sus palabras, o las de sus suplentes verbales, son leídas.
El temor a Dios comienza en algún lado, y ese puede ser la certeza que alguien está leyendo los textos explicatorios por encima del hombro de quien los distribuye.
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» QUIÉN ES
Carlos Monsiváis...
Uno de los escritores más importantes del México contemporáneo. Su capacidad crítica, su estatura intelectual y su peculiaridad estilística lo han convertido en una de las voces más reconocibles del panorama cultural hispánico. De igual modo, su omnipresencia en múltiples foros (revistas, mesas redondas, programas de radio y televisión, periódicos, coloquios, museos, películas, antologías, prólogos...) lo ha convertido en una celebridad y en uno de los personajes fundamentales de la Ciudad de México. El escritor Adolfo Castañón, en su ensayo "Un hombre llamado ciudad", lo considera «el último escritor público en México», en el sentido en que no sólo cualquier mexicano lo ha escuchado o leído, sino que todos son capaces de reconocerlo en la calle.
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