EDITORIALISTAS > GERMÁN DEHESA

El boquete

03 Noviembre 2009

 
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Esto último era una perfecta falsedad.
Tampoco les voy a decir que era una aristocrática colonia residencial, pero la mayoría de sus habitantes éramos gente decente con la excepción quizá de mi amigo Rattán que militaba, sin mayor mérito en campaña, en una pandilla de jovenzuelos dedicados tiempo completo a jugar tochito y a buscar reyertas con cualquier otra pandilla que compareciera en sus dominios.
Teníamos un parque muy bonito dedicado a Alfonso Esparza Oteo cuyo verdor es todavía vigente y al cual, el día que quieran, los puedo llevar a hacer una visita guiada.
Si las bancas de ese parque hablaran podrían contar de los divinos y robustos rollos que su Charro Negro les aventaba a las gacelas del rumbo.
Su efectividad era de cien por ciento.
Creo que las morritas aflojaban con tal de que me callara.
Lo importante es que desde entonces descubrí la eficacia de la palabra bien ritmada con silencios en la creación de esa pequeña utopía imprescindible para el enamoramiento que es, ustedes lo saben, un esplendente milagro.

Por aquellos tiempos, la colonia Nápoles era un fraccionamiento casi nuevo que contaba con buena iluminación y anchurosas avenidas.
Una de ellas, la prolongación de Diagonal de San Antonio, atravesaba toda la colonia y luego iba a morir, yo creo, en Kansas City pues era inmensa.

¡Viajero, detente!, hemos llegado al objeto de nuestro viaje.
Te cuento que de ahí de la Nápoles salí para contraer alegres y bronquiales nupcias (la novia tenía bronquitis y en plenos deliquios amorosos comenzaba a toser como Dóberman) con una chica, ella sí, de nuestra mejor sociedad.
Salí y casi no volví.
De vez en cuando visitábamos a mis padres, pero, avecindado como estaba en Coyoacán, la Nápoles había dejado de ser mi colonia.

Volvió súbitamente a serlo hace algunas semanas por efecto de una noticia desmedida y desastrosa que es lo propio de las noticias en este sexenio.
Según esto, de un día para otro y sin presentirlo nadie, en ese tramo de la prolongación de San Antonio, el que queda a la altura del World Trade Center se abrió un boquetón inmenso que, si te asomabas, permitía vislumbrar a la distancia los sótanos de las casas de los chinos.
Era grandísimo.
Cuando lo vi en la televisión sentí que me habían quitado algo mío, que alguien me había metido un mordisco gigantesco y me pareció una pésima noticia que venía a desarreglar mi pasado.

Desde hace algunas semanas, todos los medios aunados a la mexicanísima tradición oral, nos han venido dando la noticia de que tenemos un boquete financiero similar al que se abrió en mi colonia.
Todos, del presidente para abajo, nos hablan del boquete, nos dicen que tenemos que pagarlo, pero nadie nos explica cuándo, cómo y a qué horas se formó el mentado boquete.
El propio Vicente Fox ya dijo públicamente que él había dejado bien y con superávit a la República, que ¿cuál boquete? y que ¿de dónde salió?.
Nadie sabe y silo saben no nos lo dicen.
Con toda madurez los ciudadanos tendríamos que responder: íah!, no nos van a decir?, pues fíjense que no pagamos y no pagamos y háganle como quieran.

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MDCLX (1660) MONTIEL.

Cualquier correspondencia con esta columna en suspensión de pagos, favor de dirigirla a dehesagerman@gmail.
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» QUIÉN ES Germán Dehesa...

Germán Dehesa es un periodista, escritor, actor, locutor y promotor cultural mexicano.

Nació en la Ciudad de México el 1 de julio de 1944. Sus estudios de preparatoria los realizó en el Centro Universitario México (CUM). Estudió Ingeniería Química y Letras Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México, institución en la cual trabajaría como profesor y catedrático por más de 25 años. Ha destacado en la radio y la televisión mexicana y en la Ciudad de México es un reconocido dramaturgo y promotor cultural. A nivel nacional es más reconocido por sus colaboraciones salpicadas de comedia en los diarios del Grupo Reforma y su participación en la película Cilantro y Perejil (1995). Gaceta del Angel

Gaceta del Angel es actualmente la principal columna de Germán. En ella hace gala de un lenguaje coloquial y sencillo, en el cual expresa, entre múltiples anécdotas, su pensamiento político y crítico. Normalmente trata sobre temas de actualidad, ya sea sobre política, sociales o incluso deportes (donde deja claro su amor a los Pumas de la UNAM, a los Diablos Rojos del México y al PAN, y su despecho por el Club América, AMLO, a las manifestaciones de éste y a sus seguidores). Desde hace tiempo coloca al final de sus escritos una mini-columna titulada ¿Que tál durmió?, la cual ha superado las mil ediciones diarias.

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