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De la decepción a la Esperanza
Por: Carlos A. Steger, Reynosa, Tam. / El Mañana - 01 Noviembre 2009
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Anhela algo mejor, pero no con un sentimiento posesivo y egoísta. Es de naturaleza espiritual y altruista, a diferencia del deseo de tener más. La esperanza es fe en el porvenir, la disponibilidad a entrar confiadamente en las tinieblas del futuro.
Lo que jamás decepciona es la esperanza, es el interés por una vida más plena; fe en el porvenir. La esperanza siempre se dirige hacia algo bueno, va más allá de todo presente y de toda realidad. La esperanza es confiar en Dios, esperar en él, dejar el futuro en sus manos.
¡NO LO PODÍA CREER!, decía una señora de 30 años con dos hijas.
Tal fue su frustración cuando descubrió que hacía siete meses que su esposo vivía con otra mujer y con ella a la vez.
<< Un día recibí una llamada telefónica.
Una mujer me dijo que tenía relaciones con mi esposo.
”¡Espere un poco! ¿Cómo dice?”, pregunté.
Entonces la dama del teléfono me dijo que todas las noches mi esposo iba a su hogar y allí pernoctaba.
Además estaba embarazada de él>> La esposa sabía que todas las noches su marido salía a trabajar.
Le había dicho que hacía un turno extra, incluso los sábados y domingos.
Cuando le preguntaba por qué trabajaba tanto, contestaba: <>.
La sociedad de la decepción
La esfera de la intimidad es quizás la más vulnerable a sufrir decepciones.
Sin embargo, en la sociedad actual, asegura el sociólogo Gilles Lipovetsky, vivimos en una espiral inflacionaria de decepciones.
En las sociedades antiguas, los individuos vivían en armonía con su condición social y no deseaban más de lo que podían esperar legítimamente; en consecuencia, las decepciones y las insatisfacciones no pasaban de cierto umbral.
Pero en la cultura actual, aumentan las exigencias de mayor bienestar y una vida mejor, por lo tanto, más se ensanchan las arterias de la frustración.
En ocasiones el trabajo es fastidioso, el jefe insoportable, el sueldo insuficiente, los hijos cada vez más difíciles de educar, el cónyuge poco confiable, el equipo favorito sufre derrota tras derrota, la vida cotidiana se convierte en un infierno de frustraciones.
¿Cómo hacer para levantar el ánimo? ¿Dónde encontrar satisfacciones verdaderas? ¿Cómo superar la desdicha y la amargura? Bertrand Richard pregunta, por si acaso: <<¿Esta sociedad será la sociedad de la decepción?>> Padecer continuamente fracasos, desengaños y chascos hace méritos para acceder a un estado depresivo mayor.
Esperanza,
¿remedio a la decepción?
¿Cuál es el remedio? La esperanza.
Una copia española dice: << Quien espera, desespera: quien desespera, no alcanza.
Por eso es bueno esperar y no perder la esperanza>>.
Aquellos individuos que esperan ansiosamente que salga premiado su numero de lotería o que desean cambiar el automóvil, comprar una casa nueva o mejorar los artefactos de comodidad doméstica, se exponen a la decepción.
No se mueven por una auténtica esperanza de superación, sino que son personas ávidas de consumir y poseer más.
Lo que jamás decepciona es la esperanza, el interés por una vida más plena.
Quienes viven bajo deseos posesivos, pueden experimentar más insatisfacciones y sufrir mayores desilusiones o desengaños.
Por el contrario, la esperanza se reserva tranquila para su hora de alegría, no se desespera por el presente ni está desilusionada por la realidad actual.
Anhela algo mejor, pero no con un sentimiento posesivo y egoísta.
Es de naturalezaespiritual y altruista, a diferencia del deseo de tener más.
La esperanza es fe en el porvenir, la disponibilidad a entrar confiadamente en las tinieblas del futuro.
Esperas y expectativas,
¿llevan a la decepción?
También las esperas y expectativas pueden ocasionar decepción.
Por ejemplo, se espera a un amigo, que haya buen tiempo, aprobar un examen.
Los hechos podrán cumplir o frustrar la espera o las expectativas.
En tal caso, serán ciertas o engañosas.
La esperanza (no las esperanzas), es <>, no requiere de verificación empírica ni de comprobaciones experimentales.
La espera fija su mirada en un propósito, concentra su atención en un punto; trata de imaginar lo que desea.
La esperanza trasciende toda imaginación posible, es libre, no queda aprisionada en un objeto, ni se sujeta a la decepción.
La auténtica esperanza supera toda corroboración o reprobación empírica; puede mantenerse o desmoronarse, pero no debido a un resultado concreto singular sino debido a una perturbación de la relación humana con la vida en total.
Cuando la esperanza se convierte en espera allí sobreviene el chasco.
La esperanza siempre se dirige hacia algo bueno; es trascendente, va mas allá de todo presente y de toda realidad, abre los horizontes del futuro a las fuerzas bienhechoras de la vida.
Por el contrario, la espera es febril e impaciente, mientras que la esperanza es paciente, no está sujeta a presiones.
La esperanza es confiar en Dios, dejar el futuro en sus manos.
<>>
La sociedad de la decepción
La esfera de la intimidad es quizás la más vulnerable a sufrir decepciones.
Sin embargo, en la sociedad actual, asegura el sociólogo Gilles Lipovetsky, vivimos en una espiral inflacionaria de decepciones.
En las sociedades antiguas, los individuos vivían en armonía con su condición social y no deseaban más de lo que podían esperar legítimamente; en consecuencia, las decepciones y las insatisfacciones no pasaban de cierto umbral.
Pero en la cultura actual, aumentan las exigencias de mayor bienestar y una vida mejor, por lo tanto, más se ensanchan las arterias de la frustración.
En ocasiones el trabajo es fastidioso, el jefe insoportable, el sueldo insuficiente, los hijos cada vez más difíciles de educar, el cónyuge poco confiable, el equipo favorito sufre derrota tras derrota, la vida cotidiana se convierte en un infierno de frustraciones.
¿Cómo hacer para levantar el ánimo? ¿Dónde encontrar satisfacciones verdaderas? ¿Cómo superar la desdicha y la amargura? Bertrand Richard pregunta, por si acaso: <<¿Esta sociedad será la sociedad de la decepción?>> Padecer continuamente fracasos, desengaños y chascos hace méritos para acceder a un estado depresivo mayor.
Esperanza,
¿remedio a la decepción?
¿Cuál es el remedio? La esperanza.
Una copia española dice: << Quien espera, desespera: quien desespera, no alcanza.
Por eso es bueno esperar y no perder la esperanza>>.
Aquellos individuos que esperan ansiosamente que salga premiado su numero de lotería o que desean cambiar el automóvil, comprar una casa nueva o mejorar los artefactos de comodidad doméstica, se exponen a la decepción.
No se mueven por una auténtica esperanza de superación, sino que son personas ávidas de consumir y poseer más.
Lo que jamás decepciona es la esperanza, el interés por una vida más plena.
Quienes viven bajo deseos posesivos, pueden experimentar más insatisfacciones y sufrir mayores desilusiones o desengaños.
Por el contrario, la esperanza se reserva tranquila para su hora de alegría, no se desespera por el presente ni está desilusionada por la realidad actual.
Anhela algo mejor, pero no con un sentimiento posesivo y egoísta.
Es de naturalezaespiritual y altruista, a diferencia del deseo de tener más.
La esperanza es fe en el porvenir, la disponibilidad a entrar confiadamente en las tinieblas del futuro.
Esperas y expectativas,
¿llevan a la decepción?
También las esperas y expectativas pueden ocasionar decepción.
Por ejemplo, se espera a un amigo, que haya buen tiempo, aprobar un examen.
Los hechos podrán cumplir o frustrar la espera o las expectativas.
En tal caso, serán ciertas o engañosas.
La esperanza (no las esperanzas), es <
La espera fija su mirada en un propósito, concentra su atención en un punto; trata de imaginar lo que desea.
La esperanza trasciende toda imaginación posible, es libre, no queda aprisionada en un objeto, ni se sujeta a la decepción.
La auténtica esperanza supera toda corroboración o reprobación empírica; puede mantenerse o desmoronarse, pero no debido a un resultado concreto singular sino debido a una perturbación de la relación humana con la vida en total.
Cuando la esperanza se convierte en espera allí sobreviene el chasco.
La esperanza siempre se dirige hacia algo bueno; es trascendente, va mas allá de todo presente y de toda realidad, abre los horizontes del futuro a las fuerzas bienhechoras de la vida.
Por el contrario, la espera es febril e impaciente, mientras que la esperanza es paciente, no está sujeta a presiones.
La esperanza es confiar en Dios, dejar el futuro en sus manos.
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