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‘Dejen que los niños vengan a mí’

Por: Carlos A. Steger / Exclusiva Editora Demar / El Mañana - 18 Octubre 2009

 
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Los niños y las niñas necesitan el apoyo de los adultos para aprender a enfrentar los distintos problemas que se les presentarán. Pero muchas veces, preferimos hacerlos a un lado y restar importancia a sus necesidades. Por eso Jesucristo puso el ejemplo para que lo imitemos.

LA CRÓNICA del incidente referido tan hermosamente en estos versos, la hallamos en el capítulo 19 del Evangelio según San Mateo, donde dice: «Llevaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y orara por ellos, pero los discípulos reprendían a quienes los llevaban.
Jesús dijo: "Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos".

Después de poner las manos sobre ellos, se fue de allí».
*
La actitud de los apóstoles resulta un poco extraña:
Querían impedir que se molestase a Jesucristo solamente porque se trataba de unos niños.
Entonces el Maestro pronunció palabras inmortales que hasta hoy contienen una verdad que debemos tomar muy en cuenta.

El acercamiento a Dios
Así como los apóstoles trataron de impedir que los niños se aproximaran a Jesús, también nosotros podemos hoy, de mil diferentes maneras, impedir que los niños se aproximen al Maestro y reciban sus bendiciones.
Lo más impresionante de todo es que, con demasiada frecuencia, quienes más expuestos están al peligro de impedir que los niños lleguen a la experiencia y a la madurez que el Señor quiere que alcancen, son los propios padres.

Es enorme la responsabilidad que los padres tienen con referencia al desenvolvimiento armonioso de sus niños.
De ellos dependen la salud de los menores, su crecimiento normal y hasta la vida misma.
De ellos depende el desarrollo de la inteligencia que les permitirá adquirir los elementos que necesitarán más tarde en la lucha por la vida.

Hay, además, otra fase sumamente importante que también depende de los padres: La naturaleza de los elementos que formarán el carácter del niño y, sobre todo, su espíritu, su vida moral y su relación con Dios.
Sí, tú como padre o madre, tienes una responsabilidad inmensa y necesitas de tu Creador para poder cumplirla cabalmente.
Él quiere ayudarte en tu difícil tarea.
Los niños deben sentir que se les ama.
Deben leer en las miradas, en las palabras y en los actos de sus padres la expresión de un amor que nada podrá quebrantar.
Así se sentirán fuertes, se sentirán protegidos para la vida.
Así se asegurará su estabilidad emocional.

De los padres dependen la salud de los menores, su crecimiento normal y hasta la vida.

Por otra parte los niños, a su vez, aprenderán a amar a sus padres y a todos aquellos que los rodean.
¡Hay tantos niños que sufren por falta de amor!
Lo que hace falta
Los niños necesitan la comprensión de sus padres.
A veces enfrentan problemas muy serios para su experiencia y capacidad de resistirlos.
Estas situaciones son las oportunidades para los padres de ayudarles a adquirir madurez para resolver situaciones, aun más difíciles, que puedan presentárseles en el futuro.
Sin embargo, ¡con cuánta frecuencia los padres desaprovechan estas oportunidades! Pasan por alto las necesidades de sus hijos.
Se olvidan de que una vez también fueron niños y jóvenes.
Desoyen el llamado de esa necesidad, a la cual restan importancia.
Es un error tremendo que puede pesar en las relaciones posteriores entre padres e hijos.

Los niños y los jóvenes deben encontrar alegría en el hogar.
De los hogares donde no la hay, salen jóvenes marchitos, mustios, agostados prematuramente.
Cuando los niños o los jóvenes no encuentran alegría en el hogar, con mucha frecuencia la buscan en otro lugar, y la que hallan, a veces, no es la mejor.
El ambiente natural del niño no es donde imperan la seriedad y los rostros graves, los lamentos y una atmósfera tensa constantemente.

Amigo lector, amiga lectora, los niños necesitan alegría, sonrisas y risas.
Que las encuentren en tu hogar y que sean felices en él.

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