Las aventuras de Icíar en la selva

Por: ROCÍO GARCÍA / El País - 14 Marzo 2010

La lucha por el oro del siglo xvi es ahora la lucha por el agua Bollaín: "Paul me ha hecho un regalo.

Juliano Mamani es un indígena boliviano de 28 años.
Lleva pintada la cara, se cubre con un taparrabos y su brillante y negro cabello lo adorna con un colorido tocado de plumas.
Sus pies apenas están cubiertos por unas medio alpargatas.
Es muy serio y está sudoroso.
Acaba de terminar de rodar una escena en la selva que rodea la ciudad de Villa Tunari, en el centro de Bolivia, en plena zona del Chapare.
Icíar Bollaín ha dado un descanso a los centenares de indígenas, todos con atavíos parecidos a Juliano, tras agotadoras horas y disciplinado trabajo bajo un calor sofocante.
Juliano y sus compañeros acaban de volcar un coche policial, ahí al lado, en una escena de acción trepidante.
El coche todavía descansa con un lateral en el suelo e importantes desperfectos en su carrocería.
Juliano está reviviendo de alguna manera la lucha real que, siendo ayudante de carpintero, protagonizó hace nueve años a los pies de la cordillera de los Andes en la conocida como guerra del agua.
Él ahora es uno de los miles de extras que trabajan en También la lluvia, la película que Icíar Bollaín ha rodado en Bolivia a finales del año pasado y que en estos momentos está en proceso de montaje.

También la lluvia es una película dentro de otra película.
Narra el rodaje de un filme de época en torno al mito de Cristóbal Colón, al que muchos pintan como un hombre obsesionado por el oro, cazador de esclavos y represor de indios.
Todo en el año 2000, cuando la población de una de las naciones más pobres de Suramérica se levantó contra una poderosa empresa y recuperó un bien básico: el agua.
A cubierto, buscando contra el calor un refugio inútil bajo un árbol, Juliano Mamani recuerda perfectamente las protestas de trabajadores y campesinos, las huelgas y manifestaciones que dejaron la ciudad de Cochabamba aislada durante días y días, después de que la compañía norteamericana Bechtel intentara subir de manera disparatada el precio del agua.

La dimensión de la protesta fue tal que Bechtel abandonó el mercado boliviano, el contrato del agua quedó cancelado y se instaló una nueva compañía bajo control público.
Fue en esas protestas en las que participó Juliano donde se forjó el líder cocalero y actual presidente del país Evo Morales.
"El agua es vida.
Éramos unas 3.
000 personas organizadas en grupos.
Aquella lucha mereció la pena, pero todavía continúa.
Hay todavía zonas de Bolivia en las que estamos abastecidos gracias a cisternas y tanques por la mala administración de las instituciones", dice Mamani, mientras comienzan otra vez las prisas del rodaje.

Juliano Mamani representa como nadie el espíritu de También la lluvia, el pasado y el presente, la ficción y la realidad de una potente historia de resistencia y compromiso.
La lucha por el oro del siglo XVI es ahora, 500 años después, la lucha por el agua.
El filme narra el viaje de Sebastián, un director de cine mexicano, y Costa, un productor español, a Cochabamba y alrededores para rodar una película de presupuesto modesto sobre Colón, uno de los grandes iconos mundiales.
La película avanza con dificultades, mientras la violencia va creciendo día a día hasta que toda la ciudad explota en la tristemente famosa guerra del agua.
El filme, una ambiciosa producción de más de cinco millones de euros de Juan Gordon, de Morena Films, está protagonizada por Luis Tosar (en el papel de Costa), Gael García Bernal (Sebastián), Carlos Aduviri (Daniel/Hatuey), Karra Elejalde (Colón), Carlos Santos (el fraile Bartolomé de las Casas), Raúl Arévalo (el fraile Juan Montesinos) y Najwa Nimri (la reina Isabel).
Gordon y Tosar acaban de recibir los Goyas a mejor película y mejor actor protagonista por su trabajo en Celda 211.

También la lluvia, quinto largometraje de Bollaín (Madrid, 1967) y primero que no escribe ella, parte de un guión, espléndido, de Paul Laverty, guionista habitual del británico Ken Loach, además de compañero y padre de los tres hijos de la cineasta madrileña.
La directora acaba de terminar de comer, como todo el equipo, en una gran carpa instalada en un valle en los lindes de la selva.
Sentada a la sombra en una silla roja de plástico, con un pañuelito azul en la cabeza que le ha protegido toda la mañana del implacable sol, reconoce que ella nunca hubiera escrito este guión.
Sólo la idea le divierte, y se ríe abiertamente.
"Paul me ha hecho un regalo con este guión.
Lo mejor que me ha podido pasar es que ha confiado en mí, ha querido que yo lo haga.
Creo que nos hemos dado cuenta de que ha llegado un buen momento de trabajar juntos.
Yo me encuentro tranquila en mi quehacer, y él, también en el suyo.
Era el momento.
Vamos a ver cómo nos sale esta colaboración.
Más creativo que criar juntos hijos hay pocas cosas, pero hacer una película juntos también".
A ella nunca se le hubiera ocurrido volcar un coche en un guión suyo y se lo está pasando bomba.
"¡Qué buena aventura! Al principio tenía mucho respeto por el guión, luego lo fui haciendo mío y ahora tengo la sensación de estar a su servicio.
Voy a intentar contar lo que cuenta el guión, rodar lo que está escrito, porque tiene mucha emoción.
Lucho por no quedarme por debajo de lo escrito; si llego más lejos, mejor, pero nunca por debajo".

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